La erosión y la desnudez de los frágiles suelos, ejecutores del paisaje yermo labrado hasta sus entrañas y de un contraste de triste belleza sutil, refrescadas por el Mula, río que le arranca a la tierra la sal de su legado primitivo. Así son las tierras áridas del centro de la Región de Murcia.

No es un secreto que el Sur de la Península Ibérica, y especialmente el sureste del territorio, están encaminadas a una inminente desertización, agravadas por larguísimas sequías que destruyen la capa protectora de la vegetación que finalmente es arrasada por las también frecuentes lluvias torrenciales. Esta característica no es algo actual, la climatología ha labrado este paisaje árido durante decenas de miles de años. Sin embargo, la humanidad no ha conocido en su historia moderna una degradación erosiva tan evidente como la que están sufriendo nuestros paisajes en las últimas décadas. Y es que el cambio climático provocado por las actividades humanas a escala planetaria afecta con más virulencia a las zonas más vulnerables.

Las características geológicas de gran parte del territorio, junto con su clima mediterráneo cada vez más tendente al desértico, y las actividades humanas de deforestación, sobre-explotación de acuíferos, el mal uso del agua, en definitiva, de la destrucción del suelo, hacen que la Región de Murcia sufra de la mayor tasa de erosión de España. El avance del desierto es inminente si no lo paramos. Es la diferencia entre la desertización, un proceso natural, y la desertificación, la que provocamos con nuestros actos.

Desde el aire es posible capturar con mejor perspectiva la aridez de los paisajes lacerados. Un paisaje impresionante y a la vez desolador:

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